viernes, 22 de octubre de 2010

¿Golpe de Estado?

Por Melissa Curá
El domingo 28 de junio del 2009 me desayuné con la noticia de que el hasta entonces presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue destituido de su cargo, secuestrado por las Fuerzas Armadas de forma agresiva y violenta, allanando la residencia presidencial encapuchados con armas de alto calibre, amenazándolo de muerte y siendo trasladado a la fuerza a Costa Rica bajo las órdenes del Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia. 

Los parlamentarios decidieron separar del cargo de presidente constitucional de la República de Honduras a Zelaya y nombrar en su lugar a la máxima autoridad del poder legislativo Roberto Micheletti "por el tiempo que falte para terminar el período constitucional que culminaba el 27 de enero del año 2010”.
Al asumir Micheletti decretó el toque de queda por 48 horas con posibilidad de ampliación, mientras se sucedían las protestas.
 
El gobierno transitorio fue nombrado por el Congreso Nacional, promulgaron que el procedimiento fue absolutamente legal bajo las leyes de Honduras, pero para parte de la población hondureña y la comunidad internacional casi en su totalidad, lo ha calificado como un claro golpe de estado que ha destruido la joven historia democrática del país ya que se trato de una situación de facto contra el presidente constitucional.

La crisis se originó luego de que Zelaya convocara a una consulta popular para decidir si los hondureños querían reformar la Carta Magna. Aparentemente Zelaya pretendía obtener una reforma constitucional que le permitiera presentarse para un segundo mandato de cuatro años; a favor de la consulta se encontraban las organizaciones obreras, estudiantiles y el partido de izquierda Unificación Democrática, pero se manifestaron contra la Iglesia Católica, la Corte Suprema, los dueños de los medios de comunicación y el propio Partido Liberal que llevó al poder a Zelaya, entre otros.

Encontrándose exiliado en Costa Rica, Zelaya condenó enérgicamente el golpe de Estado y llamó a la comunidad internacional a poner todo su empeño en la restitución del orden y el estado de Derecho en Honduras, pidiendo igualmente a la población que desarrolle una desobediencia civil pacífica contra el gobierno usurpador que le ha expulsado del país.

En las semanas posteriores al 28 de junio, el Congreso decretó un estado de sitio, suspendiendo garantías constitucionales de los ciudadanos, hubo movilizaciones en apoyo de ambos sectores; la OEA suspendió a Honduras como miembro de la organización hasta que el país restaure el gobierno democrático. Instituciones como el BID y el Banco Mundial anunciaron la suspensión de la ayuda financiera que otorgaban a Honduras así como también El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Venezuela y EE.UU.
 
Estas acciones han acentuado la división en la que se encuentra el país, sumido en un caos político y social histórico. Las Fuerzas Armadas hondureñas desplegaron un dispositivo preventivo con varios aviones de combate y con soldados en las calles de Tegucigalpa, donde la policía lanzó gases lacrimógenos contra simpatizantes de Zelaya que se manifestaban en el centro de la ciudad. Cortaron la electricidad, telefonía e internet del país. Otra de las medidas tomadas fue la prohibición de trasmisiones de cadenas internacionales dentro de Honduras. También fueron detenidos por fuerzas militares varios periodistas, quienes posteriormente los dejaron en libertad. Representantes de movimientos sociales simpatizantes de Zelaya y de los sindicatos de Honduras anunciaron una huelga general demandando su regreso al país.
Según medios locales y la policía, el territorio hondureño fue víctima de atentados contra instituciones y comercios realizados con el fin de provocar conmoción en la sociedad e inestabilidad en el nuevo gobierno.
Estas actividades de desestabilización incluirían la detonación de cuatro bombas en edificios de la capital, más otra que fue desmantelada en la sede de la Corte Suprema de Justicia, también incluyeron en las actividades de desestabilización el destrozo de vidrieras, manchas de paredes y saqueo de negocios.
Hasta el día de hoy no se si fue un golpe de Estado cívico-militar en contra de Zelaya o para defender los derechos del pueblo. Lo que si se pudo percibir es nuevamente una sociedad dividida, dejando en el olvido la elección del pueblo y alentando a desestabilizar una nación que estaba dando sus primeros pasos en las prácticas democráticas.
 
 
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Con gol de Adam Smith: Seudo Progresismo Capitalista 1, Pueblo 0

Por Fernando Peñaloza
Divide y vencerás dijo Julio Cesar. Divide y reinarás, Maquiavelo. Tienen distintos significados y contextos de aplicación, pero en realidad no importa, lo que realmente importa es que quien los usa es el capitalismo. Este sistema se apropió de todo lo dicho y lo hecho para querer hacernos creer que no hay otra historia que la capitalista, que más allá del capitalismo no hay nada, parafraseando al movimiento peronista parece ser que los días más felices siempre fueron y serán capitalistas.

El inicio del siglo XXI se trata de esto, de dividir. La historia de Latinoamérica está marcada por la división, porque hay un supuesto resurgir de los ideales progres, tapados por décadas de dictaduras militares y democracias neoliberales. Sudamérica está polarizada en dos bandos, los progres y los fachos, la derecha y la izquierda, los demócratas y los golpistas. ¿Pero es exactamente así? ¿Es todo blanco o negro? ¿Acaso no es una continuación de la lógica capitalista que se maneja con el discurso único? Esto o aquello, no hay otra posibilidad.
Estamos en un momento histórico marcado por una gran mentira. No hay buenos ni malos, los que dividen son todos malos. Y malos de los jodidos, aquellos que son capaces de apropiarse de discursos y mezclar todo con tal de mantener el poder en sus manos. Los gobernantes se visten de progresistas, pero falsos, amagan por izquierda y salen jugando por derecha. Hay mayor distribución de la riqueza, sí.
Hay mayor presencia del Estado en las políticas económicas y sociales, también. Pero, ¿estamos mejor? Y sí, estamos mejor porque las economías de los países desarrollados se desplomaron y esto dio lugar a que los países subdesarrollados emergieran, galopando sobre las commodities y el petróleo. A mayor ingreso de divisas mayor caja, con democracias de corte progresista es inevitable distribuir la riqueza. Aún así la pobreza, el hambre, el desempleo siguen existiendo. Casualmente problemas que son la esencia del capitalismo, que no sólo provoca sino que se nutre de ellos. Mientras esto no cambie no hay discurso progresista que valga.

El discurso que predomina en Chávez, los Kirchner, Correa (excluyo a Evo Morales porque su origen indígena lo hace representante de una minoría excluida y dominada) es que todo aquel que se oponga a su gestión o se atreva a realizar alguna crítica es funcional a la derecha, etiqueta muy utilizada por estos días. Eso no es progresista, no abrir el juego a la pluralidad de opiniones es una de las grandes falencias de estos líderes, que además denotan una actitud autoritaria. Eso tampoco es progresismo. Seguramente este ensayo puede ser etiquetado como funcional a la derecha.
 
Estos líderes carismáticos, populistas y demagogos han sabido construir poder a través de la utilización del discurso de identificación con las minorías. Estas han apoyado sus gobiernos con mucho énfasis, pero el quiebre llegó cuando la fachada progresista comenzó a caerse a pedazos. Eso si es funcional a la derecha, todos estos gobiernos lo único que logran es mantener dividida a la población, dejando que una parte de la sociedad sea captada por la derecha. Además entierra al progresismo, que queda asociado al populismo y a la corrupción a gran escala, dándole poder a la derecha oligarca y monopólica de nuestro continente, que espera tranquila el derrumbe para recuperar el poder perdido.
De esto se trata, de la pelea por el poder, por el poder estatal, el económico, el mediático. Nada cambia justamente porque el Estado, pilar fundamental del sistema capitalista, no es desarmado. Por eso todo sigue igual. La pelea es por quien acumula más poder, del área que sea, porque lo importante es tener poder. Poder que perdió esa derecha recalcitrante y que ha tratado de obtener mediante golpes de Estado. Pueden cambiar los gobernantes, pero el Estado sigue vivo.
 

Los golpes de Estado a Chávez en 2002, a Zelaya en 2009 y a Correa en 2010 fueron hechos por esa derecha que perdió el poder. Siempre con la complicidad de Estados Unidos, que sin embargo se ha despegado de todos. Porque la estrategia es otra, el tiempo de las dictaduras militares en América Latina se terminó, porque a EEUU ya no le convenía. Los militares tienen planes propios y obviamente no les importa el genocidio que llevaron a cabo. Lo que si conviene son democracias adictas y/o corruptas, más fáciles de dominar y con predisposición a negociar con el imperio. ¿Para qué derrocar a Chávez si el 80% de su exportación petrolera va hacia EEUU? ¿Por qué Chávez le vende petróleo al enemigo? Su progresismo no vas más allá de la agitación discursiva.
 

Como pasa también en nuestro país, donde la Presidente Cristina Fernández de Kirchner dice luchar contra los monopolios, pero sólo lucha contra uno, el Grupo Clarín, y favorece a otros como por ejemplo el nuevo monopolio Telecom-Telefónica. Habría que mencionar el gran favor que se le ha hecho a las compañías de mega minería. El punto clave se encuentra ahí, digo eso pero hago esto.
 

Mientras el pueblo sigue sólo, a la deriva, sin que nadie lo represente. Viendo como se pasan el poder entre los de arriba, viendo las peleas de los poderosos que se adjudican la defensa del pueblo. Pero al pueblo no lo representa nadie, la transubstanciación de la democracia ha demostrado no servir más que para sostener el poder dominante. Del pueblo no se acuerda nadie más que en el discurso. Si no basta ver cómo se obliga a pertenecer a un bando o a otro, como si no hubiera otra alternativa, y aún peor como si el pueblo no fuera quien verdaderamente tiene el poder.
Poco hemos aprendido, seguimos esperando el mesías de la revolución y demostrado está que los mesías quieren poder y no revoluciones. Hasta que no recuperemos el poder perdido y lo sigamos entregando a falsos ídolos, seguiremos repitiendo el pasado
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